30 de enero de 2026
Alba Vila
Adamuz es el último síntoma de un Gobierno fallido en el sentido más literal del término: incapaz de garantizar lo básico. Mantener infraestructuras. Cuidar los pilares esenciales de una sociedad. Gobernar, en fin. Lo elemental. Pero cuando uno ha decidido dinamitar sus propios pilares éticos, sentarse encima de ellos y utilizarlos como taburete, lo demás llega solo. O no llega.
La vivienda, ese gran tótem discursivo de la izquierda, es hoy la prueba del algodón del fracaso. Mucho eslogan, mucha consigna y cero resultados: los españoles no pueden acceder a un techo. Y en paralelo, la inmigración ilegal ante la que resulta evidente que no hay que confundir, aunque el Gobierno se empeñe, con la regularización de quienes llevan años aquí, trabajan y respetan nuestras normas. Esta materia se ha convertido en un batiburrillo confuso donde todo vale. El PSOE ha elevado el embrollo a método. ¿De verdad alguien cree que cinco meses en un país generan arraigo? Permítanme que lo dude. ¿Y la fiabilidad de los documentos que acreditan la inexistencia de antecedentes? Pregunta retórica. Ahora, además, se suma la regularización exprés de inmigrantes ilegales impulsada por Pedro Sánchez y Podemos, aunque Yolanda Díaz intente colar de un modo un tanto infantil que fue ella quien lo pidió. Una medida tramitada por vía de urgencia y sin control parlamentario real. Según ha reconocido el propio Gobierno, el proceso será rápido y extraordinario, con el objetivo, dicen, de «dar derechos» a personas que ya se encontraban en España. Traducido: paralización de procedimientos de expulsión, puerta abierta a renovaciones posteriores y a procesos de arraigo, todo ello sin reforzar los controles de seguridad. Derechos primero, controles después. O nunca.
Desde Moncloa insisten en tranquilizarnos: «no es nacionalidad, sólo regularización». El problema, como casi siempre, es que los datos desmienten el relato. Desde la llegada de Pedro Sánchez al poder en 2018 la nacionalización de extranjeros se ha disparado hasta cifras nunca vistas: más de 252.000 personas en un solo año, según el INE y Eurostat. En paralelo, el número de residentes extranjeros con autorización supera ya los 3,7 millones. No es una opinión. Es estadística oficial. Tan real como lo expuesto y las conclusiones del informe ‘La inmigración y su impacto económico negativo en el estado de bienestar’ de la Fundación Disenso, una lectura imprescindible para quien aún sostiene, sin demasiados datos en la mano, que la inmigración es la tabla de salvación de nuestras pensiones.
En ‘Por qué fracasan las naciones’ se explica que no prosperan las que más recursos tienen, sino las que mejores instituciones construyen. Aquí las instituciones hace tiempo que dejaron de funcionar correctamente. Y si lo hacen, es sólo en beneficio del Gobierno de Pedro Sánchez. Nunca del interés general. De ahí el intento de indultar a García Ortiz. El mensaje es claro: nada ni nadie está por encima del Gobierno. No de la ley, del Gobierno. ¿Qué pretende decir Sánchez? ¿Que ni él ni los suyos deben someterse al control judicial?
Y volvemos a Adamuz. Un Gobierno que no mantiene lo básico. Hoy son los trenes; ayer, las carreteras; mañana, lo que toque. Siempre la misma técnica, tan vieja como eficaz: acusar al rival de las propias fechorías, generar ruido y blindarse. Óscar Puente se refugia en la «herencia recibida» y promete que «lo mejor está en camino». Siempre está en camino. Y siempre es culpa de los otros.
Mientras tanto, el presidente del Gobierno no acude al funeral de las víctimas. Desde Moncloa dicen que no va a actos religiosos, aunque sí le hemos visto hacerlo fuera de España. Olvida que España tiene raíces cristianas y que, como presidente, le corresponde representar a todos. Pero Sánchez ya dejó claro que para él hay un muro: los suyos y los otros. Y ni siquiera «los suyos» están bien gobernados. Basta mirar la vivienda, la sanidad o la educación. La excusa no cuela. Las propias víctimas lo han dicho: consideran a este Gobierno parte del problema, es decir, responsable. Tanto es así que su oposición obligó a suspender un homenaje de Estado laico en Huelva al que Sánchez tenía previsto acudir. La romantización del «sólo el pueblo salva al pueblo! puede quedar muy bien en redes, pero es profundamente irresponsable. La solidaridad no puede servir para tapar responsabilidades. Alguien falló. Y a alguien hay que pedirle explicaciones. Porque, a día de hoy, nadie sabe oficialmente qué pasó con el apagón. Y lo que no se explica, se repite.
Óscar Puente sigue enredado en excusas: que renovar la vía no es renovarla entera, que todo se ha hecho bien, que no tiene respuesta para todo. Más que ingeniería ferroviaria, ¡las artes escénicas son lo suyo! El escenario, sin embargo, es inequívoco: incidentes operativos, descarrilamientos, cortes de servicio, retrasos acumulados. La conservación de la red ferroviaria está en el foco. Las causas serán multifactoriales desde el punto de vista más técnico pero hay una verdad elemental: el mantenimiento es lo básico. Y no se ha hecho. La conciencia de Puente puede estar muy tranquila, pero su responsabilidad política es innegable. Por el deterioro constante y advertido del servicio. Por ofrecer informaciones inexactas y engañosas. Por intentar eximirse de culpa a base de versiones cambiantes: primero el tren, luego las soldaduras, después el material defectuoso, más tarde que el tramo estaba completamente renovado. Todo corregido después. Todo rectificado. Todo desmentido.
Hemos entrado en una etapa extraña, casi distópica, en la que el lenguaje ya no sirve para describir la realidad sino para ocultarla. Las palabras se estiran, se vacían, se retuercen hasta decir lo contrario de lo que significaban. Regularizar no es regularizar; mantener no es mantener; renovar no es renovar. Y señalar lo evidente se ha convertido en un acto sospechoso. Hoy, llamar a las cosas por su nombre te coloca automáticamente fuera del sistema, en la categoría de los incómodos, los radicales, los que «no entienden la complejidad». Como si la realidad necesitara intérpretes oficiales y no ciudadanos con ojos. En este clima, negar lo obvio se ha vuelto política de Estado. Y aún hay quien se resiste a ver que cuando una democracia deja de confiar en los hechos y empieza a perseguir a quien los señala, lo que se abre paso no es el progreso, sino una peligrosa deriva que a España le empieza a resultar demasiado familiar. Una inquietante vocación de república bananera.
https://gaceta.es/opinion/estado-fallido-2-20260130-0016/
1/02/2026

1 Comment
La fotos
2 semanas agoSaludos a los lectores de este blog.
Internet está repleto de gente como Alba, autora de este artículo. Se trata de gente que solo sabe mostrarnos los errores de los demás, pero omiten lo que alguien dijo; Si no eres parte de la solución, eres parte del problema.
Esa frase que escribía en la pizarra el australiano Paul Lindeberg, mientras facilitaba sus cursos.
Cada día, durante el curso que tuvo una duración de casi un mes ¿Qué significa esa frase? Pues que si quieres cambiar una situación con la que no estés contento o que simplemente piensas que no está bien, entonces debes actuar. Lo peor que podemos hacer, es no hacer nada al respecto. Siempre quedará en nosotros la duda, la insatisfacción, el vacío, al sentir que no hemos aportado ni hemos contribuido al cambio necesario para vivir mejor. Esto aplica a todos los dominios: cuerpo, emociones y mente.
Cuando algo simplemente no nos gusta, es el momento de hacer algo al respecto. Debemos considerar que los demás pueden tener una perspectiva diferente sobre la situación que nos afecta, pero luego descubrimos que muchos piensan igual que nosotros y solo están esperando seguir a alguien que decidió cambiar las cosas.
El liderazgo es vital. Alguien debe tomar ese liderazgo y canalizar las acciones y conductas necesarias para transformar una situación no deseada en una mejor.
La mayor parte de los problemas tienen solución y, definitivamente, nosotros somos parte de ellas. Nada logramos con lamentarnos, juzgar o criticar, si no resolvemos o no hacemos algo al respecto.
Es importante considerar qué piensan las demás personas afectadas por un mismo problema, entender sus motivaciones, criterios y puntos de vista. Para ello la comunicación estructurada es de vital importancia. Debemos plantearnos cuál es el problema y qué opciones de solución son viables para poder explicarlas y permitir su selección, a los afectados.
Las interrogantes juegan un rol fundamental, en especial las siguientes: ¿cuál es el problema?, ¿qué consecuencias tiene?, ¿por qué no está bien la situación actual?, ¿qué se puede hacer para cambiar la situación?, ¿cómo afectarían estas alternativas a los involucrados?, ¿con qué recursos se cuenta?, ¿qué se necesita?, ¿con quién se cuenta?, ¿cuál es el objetivo?, ¿cuáles son las barreras?, ¿cómo se logra el objetivo?, ¿quién y cómo puede ayudar?, ¿es esta idea una solución definitiva o temporal?, etc. En fin, una cantidad de preguntas que ayudarán a definir un plan de acción, a armar un equipo, a motivarlos y a obtener los recursos necesarios para lograr el cambio que se desea. Lo único que se necesita es motivación y voluntad. Espero, con estas líneas, incentivar ambas.
Busquen dentro de ustedes e identifiquen qué les perturba, qué les está separando de la situación ideal o deseada para cada uno, y actúen. Hagan el bien y no miren hacia los lados. Les sorprenderá lo que van a conseguir no solo cambiando su estado anímico hacia lo positivo, sino también hacia la prosperidad.
Atrévanse, sean parte de la solución, no parte del problema.
Luchen por sus sueños y nunca se den por vencidos, a pesar de las adversidades que se les presenten.
Alba me demuestra que no me conoce, me refiero a mis artículos y vídeos. De haberlo hecho, no se limitaría a criticar y a quejarse.
Se limita a quejarse del escaso acceso a la vivienda, cuando yo hace varias décadas que propuse cómo solucionar ese tema.
Se queja de la inmigración ilegal. Más de lo mismo.
Critica al Gobierno y en concreto a las malas decisiones de Pedro Sánchez. Más de lo mismo, pues en mis artículos explico cómo se podrían solucionar todos los problemas socioeconómicos y medioambientales.
Habla de las pensiones, pero continúa sin aportar ninguna solución. En resumen, estamos ante una mujer prescindible que dejará este mundo sin haber aportado nada.
Vuelve a criticar nuestro presidente, esta vez por no asistir al funeral de las víctimas por el accidente ferroviario en Adamuz.
Esta idiota debería saber que asistir a un funeral no es mostrar las condolencias a los familiares ni mostrar respeto a las víctimas, más bien implica demostrar que eres otro idiota que se ha creído el bulo de la existencia de Dios, de que ve bien que se entierre/incinere a los muertos, cuando en realidad ambos son un despropósito.
Por otra parte ¿qué sabemos de los fallecidos, eran personas muy inteligentes e importantes o simplemente todas ellas eran pura chatarra humana de la que había que avergonzarse?
Pues como he dicho al principio, si eran de esos que son parte del problema, pues mejor que hayan fallecido en vez de seguir tocando los huevos a la sociedad y al planeta.
Yo también critico a diario a Pedro Sánchez, pero en esta ocasión aplaudo su decisión de no asistir a esa congregación de ignorantes.
Menciona el apagón, demostrando su monumental ignorancia hacia cómo generar tanta electricidad como nos haga falta y que yo lo he explicado en infinidad de ocasiones.