3 de febrero de 2026

 José Javier Esparza

 

La tesis de la «gran sustitución» demográfica es una «teoría de la conspiración de la extrema derecha». Eso decía la Wikipedia antes de Irene Montero. No sé si lo habrán cambiado después. En realidad, cuando la Wiki dice que algo es una «conspiración de la extrema derecha», es que suele ser verdad y sólo es cuestión de tiempo que se verifique. El «negacionismo» de la teoría del cambio climático antropogénico también era cosa de conspiranoicos, hasta que la evidencia, en forma de nieve, se ha impuesto. Igualmente era «conspiracionista» dudar de la eficacia de las llamadas vacunas COVID, y pecado mortal ponerlas en relación con casos de miocarditis y de cáncer, hasta que la mera práctica médica ha confirmado que esa relación existe (lo último, el informe de la reputadísima Oncotarget el pasado 29 de enero). Inmigración, cambio climático, vacunas… Todas esas cosas, que han sido la punta de lanza del discurso globalista en los últimos años, se están manifestando como auténticos engañabobos, relatos para explotar los sentimientos de las masas en provecho de los que sacan partido del cuento. Sí, nos han engañado. O lo han intentado.

La teoría de la gran sustitución o gran reemplazo, como todo el mundo debería saber (sobre todo, ahora), es la tesis enunciada por Renaud Camus según la cual el fin último de la inmigración masiva es provocar un cambio poblacional que deshaga las sociedades europeas y las sustituya por otra cosa, con otra gente y otras culturas, al servicio de un poder que nos quiere neutros, vacíos, para gobernarnos mejor. Podrá parecer un delirio, pero la arrancada de Irene Montero demuestra que tal cosa está, efectivamente, en la cabeza de una parte no desdeñable de nuestra clase política y de su coro mediático.

¿Conspiración? Bueno, digamos un par de cosas sobre esto. Para empezar, que cualquier aficionado a la Historia podrá aportar un buen manojo de ejemplos históricos de conspiraciones decisivas, porque, en buena medida, la historia del poder es la historia de la conspiración. Pero es que, en el caso de la inmigración masiva en Europa, todo ha estado siempre bastante a la vista. Por ejemplo: el poder económico está interesado en promover la entrada de mano de obra que permita abaratar los salarios y ganar productividad, la clase política está interesada en difuminar los rasgos identitarios nacionales para avanzar en los procesos de integración transnacional, todo eso al tiempo que poderosas corrientes de opinión aspiran a disolver las pertenencias étnicas, culturales y religiosas de los europeos por planteamientos ideológicos que nunca han sido un secreto para nadie («la raza blanca es el cáncer de la humanidad», decía Susan Sontag). Hay aquí tres agentes distintos, pero todos están de acuerdo en lo mismo: abrir las fronteras de Europa a cuanta más gente mejor. Eso es lo que utilizando una fórmula de Max Weber podríamos llamar «constelación de intereses».

A partir de ahí se pone en marcha el proceso. En los casos del cambio climático o de la histeria covidiana encontramos lo mismo: los intereses económicos de unos coinciden con los intereses políticos y los intereses ideológicos de otros. ¿Por qué no trabajar juntos? El resto es construir relatos y hacer creer a la gente que nos hallamos ante desafíos globales que es urgente afrontar para salvar a la humanidad: el apocalipsis climático, la expansión infinita de un virus letal, la quiebra del sistema de pensiones si no importamos gente de fuera, etc. Eso que se llama globalismo ha sido, en realidad, una gigantesca constelación de intereses desplegada con una intensidad narrativa nunca antes vista gracias a los medios de comunicación de masas, que han permitido el emplazamiento de mecanismos inéditos de control psicológico.

El impacto emocional de esos mecanismos ha sido tan fuerte que todavía veremos durante mucho tiempo auténticas muchedumbres convencidas de que los polos van a derretirse mañana, que la OMS vela por nuestra salud o que hay que acabar con la hegemonía de la raza blanca en Europa, pero en realidad el velo ha caído ya. Y todo ha quedado muy a la vista. Es una excelente noticia.

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3/02/2026