- Las experiencias en otros países muestran que los impuestos sobre las bebidas azucaradas tienen capacidad para disminuir su consumo, así como una aceptable capacidad para disminuir la frecuencia de obesidad
- Hay que abordar el efecto que estas medidas tendrán sobre las desigualdades sociales. Existe el riesgo de que se conviertan en medidas regresivas que acaben siendo financiadas por las personas más desfavorecidas, con mayor consumo de estos productos y con menor capacidad de acceder a alternativas.

UPA califica de «aberrante» el impuesto a las bebidas azucaradas que afectará a miles de agricultores EUROPA PRESS
Javier Padilla
Médico de familia —1 de diciembre de 2016
Implantar impuestos que graven el consumo de sustancias nocivas para la salud no es algo nuevo, y lleva siendo utilizado por todos los países en relación al tabaco y el alcohol desde hace tiempo. Las políticas fiscales ambiciosas sobre el tabaco suponen una de las medidas más importantes para la reducción de su consumo, al igual que ocurre con las bebidas alcohólicas; en el caso de las bebidas azucaradas la fuerza de las recomendaciones es más débil porque, entre otras cosas, las experiencias al respecto llevan menor tiempo en funcionamiento.
Según se ha conocido recientemente, el Gobierno pretende incluir en la Ley de Presupuestos Generales del Estado para el próximo año un impuesto sobre bebidas azucaradas. Dado que existen experiencias previas y que su efectividad requiere análisis más profundos que la simple aceptación de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud sobre la implantación de este tipo de impuestos, es preciso plantear algunos aspectos antes de asumir estas medidas como netamente positivas.
La efectividad de los impuestos sobre bebidas azucaradas y los impactos sobre la equidad
El consumo de bebidas azucaradas está relacionado con el incremento de la obesidad y el sobrepeso, así como con el desarrollo de enfermedades tales como la Diabetes Mellitus; la efectividad de los impuestos sobre estas bebidas radica, principalmente, en (I) que consigan una importante disminución en el consumo de bebidas azucaradas, (II) que el consumo no se desplace a bienes sustitutos altamente obesógenos y (III) que se consigan generar nuevos hábitos de consumo más saludables y que se mantengan a largo plazo.
Las experiencias en otros países (con datos procedentes de Estados Unidos, México y Francia, principalmente) muestran que los impuestos sobre las bebidas azucaradas tienen una clara capacidad para disminuir el consumo de las bebidas a las que se aplica el impuesto, así como una aceptable capacidad para disminuir la frecuencia de obesidad, aunque aún queda por determinar con exactitud el mantenimiento de estos efectos a largo plazo y la aplicación de estos impuestos en diferentes contextos sociales y económicos. Parece claro, y suficientemente establecido, que empezar a mirar –fiscalmente- a los azúcares como hemos venido mirando al tabaco o el alcohol puede tener efectos directos sobre su consumo.
Más allá de la efectividad de las medidas fiscales en materia de imposición a las bebidas azucaradas, uno de los aspectos fundamentales a abordar es el efecto que estas medidas tendrán sobre las desigualdades sociales. La presencia de hábitos de vida malos para la salud está presente de manera más acusada en clases sociales bajas, presentando un gradiente social; la vinculación de los hábitos de consumo de alimentos con el nivel de renta y el nivel educativo está ampliamente estudiada y es preciso tenerla en cuenta a la hora de implantar medidas fiscales ligadas al consumo de productos no saludables, dado que existe un alto riesgo de que se conviertan en medidas regresivas que acaben siendo mayormente financiadas por las personas más desfavorecidas, con mayor consumo de estos productos y con menor capacidad de acceder a alternativas de consumo más saludable por múltiples motivos. A este respecto, según lo comentado en un reciente artículo publicado en la Revista Española de Salud Pública, la regresividad –o no– de esta medida dependerá de cómo respondan los hábitos de consumo de las clases sociales más bajas al incremento de precio de las bebidas azucaradas y, muy especialmente, a cómo se complemente esta medida con otro tipo de políticas que incidan en revertir este gradiente social.
Si vamos a desarrollar medidas de “fiscalidad saludable”, ¿de qué manera hacerlo?
Por último, son varios los aspectos a ser tenidos en cuenta a la hora de plantear un impuesto sobre bebidas azucaradas; por un lado, debería tratarse de un impuesto ligado a la cantidad del producto, no a su precio, recayendo sobre el fabricante, no sobre el vendedor –o al menos no principalmente–, de modo que su cuantía y su capacidad de influir sobre el consumo no se viera modificado por reducciones de precio que aminoraran su impacto.
Por otro lado, sería deseable que lo recaudado tuviera una repercusión directa en el establecimiento de políticas que, además, ayudaran a revertir el impacto de estas medidas sobre los gradientes sociales, por ejemplo, facilitando el acceso a alimentación saludable y actuando sobre los aspectos sociales que determinan las desigualdades en los hábitos de consumo de alimentos y otros aspectos relacionados con la obesidad y el sobrepeso.
Además, las políticas fiscales que intentan cambiar los hábitos de vida tienen que tratar de mirar más allá e intentar cambiar las condiciones en las que dichos hábitos se desarrollan; es sabido que en promoción de la salud las acciones “corriente arriba” (en los determinantes de salud más globales) tienen mayor capacidad para disminuir las desigualdades en salud, mientras que centrarse en la persona y sus hábitos puede aumentarlas. En el ámbito de la alimentación no basta con la implantación de medidas ligadas a gravar el consumo, sino que habría que mirar directamente a la producción de dichos alimentos y plantear políticas más amplias que ataquen de forma directa al poder de la industria alimentaria en la confección de las políticas en los países de nuestro entorno (en este ámbito existen propuestas de gravar no solo las bebidas azucaradas, sino todos los productos que se sometan a cierto grado de procesamiento).
18/06/2026

13 Comments
Redrocker
2 semanas ago03 de diciembre de 2016. 03:07 h
Igual que las cajetillas de tabaco llevan un mensaje impreso (agresivo), y las bebidas alcohólicas (no agresivo), quizá se debiera imprimir un mensaje en las bebidas azucaradas. «Se recomienda un consumo moderado». Porque el problema es que actualmente la mayoria de los consumidores desconocen el problema, piensan que es como beber agua. El impuesto está bien, pero debe ir acompañado de una campaña continuada de información que hasta ahora no ha existido.
Rubén Torres
2 semanas agoPor enésima vez, los descerebrados han hablado. Lejos de erradicar los impuestos, de imponer medidas absurdas, de dar al pueblo esa libertad que jamás hemos tenido o de proponer que se obligue a los fabricantes de bebidas y demás alimentos que se sustituya el azúcar por estevia, pues solo salen gilipolleces de sus cortas mentes.
Madedam
2 semanas ago02 de diciembre de 2016. 12:13 h
¿No sería mejor limitar el contenido de azúcares que aplicar un impuesto indirecto?
Rubén Torres
2 semanas agoNo, eso solo sería un parche, es como proponer que la gente fumase 5 cigarrillos al día en vez de 20. Por lo tanto, las cosas o se hacen bien o mejor dejarlas como están. Si le molestas en leer mis comentarios sabrás qué propongo yo.
bart0n
2 semanas ago02 de diciembre de 2016. 11:39 h
menuda tontería de tutular…. todos sabemos que si se va a poner un impuesto a las bebidas azucaradas no es por salud sino porque este des-gobierno necesita más y más recursos para seguir dilapidando en autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones, hospitales públicos con camas vacías para poder derivar los pacientes a la privada y mangoneos similares con los que poder seguir financiando ilegalmente ( presuntamente ) al partido de la gurtel , taula,punica y otras tantas y tantas tramas ilegales (presuntamente, nuevamente )
Rubén Torres
2 semanas agoPor supuesto, si el gobierno quisiese de veras velar por nuestra salud, haría varias décadas que habrían impedido que se comercialicen bebidas azucaradas, alimentos procesados, que el agua se vendiese en botellas de plástico, que permitan entrar alimentos contaminados y así, una larga lista de cosas que hacen mal.
Javierpadillab
2 semanas ago«debería tratarse de un impuesto ligado a la cantidad del producto, no a su precio, recayendo sobre el fabricante, no sobre el vendedor» pues eso… la miopía (no sé si postmoderna) parece que está también en la lectura. Lo que se defiende es gravar la producción (fabricante) no la venta (vendedor-consumidor) -aunque a medio plazo sea parecido-.
Rubén Torres
2 semanas agoAl parecer, se nos ha colado un cortito de mente. En vez de proponer la erradicación de impuestos, este iluminatis propone que se graven a los fabricantes. Mejor tómate unos cuantos años sabáticos y dejas de aportar gilipolleces.
IMHO
2 semanas ago02 de diciembre de 2016. 10:21 h
¡Pues que le frían con impuestos al que fabrica el veneno, no al que lo consume!. Qué el dios-mercado nos libre de ponerle trabas al sagrado beneficio de los rentistas y explotadores dueños de las fábricas de veneno, mejor gravar el consumo y así los asalariados adictos currarán más para conseguir su dosis diaria de azúcar, los rentistas siguen ganando lo mismo o más, el Estado aumenta la recaudación sin molestar a los ricos y todos contentos, el sistema se ha salvado. Menudo artículo más pobre, rebosante de miopía posmoderna…
jrm1931
2 semanas ago02 de diciembre de 2016. 08:32 h
Se dice en el artículo que la aplicación de estos impuestos especiales ha reducido el consumo de bebidas azucaradas en otros países. Pero no se dan datos de la cuantía de esa reducción. A mi me cuesta pensar que porque una lata de coca-cola pase de valer 50 centimos a valer 60 la gente vaya a dejar de consumir la «chispa de la vida». Quizas pueda tener un impacto en las personas con ingresos muy bajos, pero dudo que sea un efecto generailzado. En la practica se convierte en un impuesto indirecto más, que paga todo el mundo independientemente de su nivel de renta. Y que conste que me parece muy bien que se tomen medidas para reducir el consumo de azúcar, simplemente dudo de la efectividad de esta.
Javierpadillab
2 semanas ago02 de diciembre de 2016. 10:22 h
los datos de los que se extraen las afirmaciones están en los enlaces. Impuestos superiores al 10% han demostrado tener una elasticidad negativa mayor de 1 (< -1), esto es, que incrementos de precio superiores al 10% dan disminuciones del consumo (de la demanda) mayores del 10%... (esta revisión realizada en España y publicada recientemente es de lo más elocuente y claro al respecto http://www.msssi.gob.es/biblioPublic/publicaciones/recursos_propios/resp/revista_cdrom/VOL90/C_ESPECIALES/RS90C_VORsp.pdf ) Lo de dudar de la efectividad es mejor sustentarlo en datos, dado que laspreferencias de conducta basadas en experiencia individual pueden no ser extrapolables a nivel poblacional. Un saludo!
jrm1931
2 semanas ago02 de diciembre de 2016. 15:21 h
Gracias por la precisión. En cualquier caso, una reducción del 10% tampoco es para estar muy contentos, sobre todo si tenemos en cuenta que esa reducción caerá fundamentalmente sobre los de menor poder adquisitivo. Aunque reconozco que se puede argumentar que , en este caso, salen ganando los pobres porque consumen menos azúcares nocivos. De todas maneras creo mucho más eficaz reducir el límite máximo de azúcar permitido por ley en esas bebidas, como comenta Edam. Esto beneficiaría a la salud de toda la población. Pero, claro, no incrementa la recaudación de impuestos.
Rubén Torres
2 semanas agoHe aquí a otro fascista más que le gusta que nos coarten las pocas libertades que nos quedan. Por eso te pregunto ¿A ti qué leches te importa el que la gente pueda escoger libremente bebidas azucaradas?