Si usamos un poco el raciocinio nos daremos cuenta de que todas esas flores, cirios, y velas no le van a devolver la vida
Podría haber gente que no tragaba a la víctima y sin embargo coloca flores para hacer el paripé. El pretexto de solidaridad que hacen las demás personas (no allegadas, amigos) poniendo flores como señal de: te acompaño en el sentimiento, no reconforta la pérdida de ningún ser querido. Nada de lo que se haga podrá llenar ese hueco vacío que queda cuando se pierde un ser muy querido. Por lo tanto todo eso es un acto absurdo.
Por otra parte, hay mucha gente que se ha muerto ahogada en las piscinas, en los ríos o en el mar ¿Por qué no se colocan velas y flores en esos lugares? Todos los días muere alguien en los hospitales y no veo ni flores ni velas encendidas en los quirófanos o e las habitaciones donde has estirado la pata. En las autovías, carreteras y autopistas también muere gente a diario ¿dónde están las velitas y las florecillas? En fín, puro paripé.
El dolor y el duelo se lleva internamente, dejad de hacer el payaso con las velitas y las florecillas. Lo mismo que ir de negro o ponerse un trozo de tela negra en el brazo ¡vaya gilipollez!
Las flores y las velas, recuerdan a las personas en el lugar donde sufrieron los atentados.
Aportan solemnidad, paz y un valor simbólico de respeto y condolencias por parte de la persona que las lleva.
El utilizar flores como forma de presentar respetos a un difunto no es, ni muchísimo menos, una tradición reciente.
Por qué no se estancan los precios de las cosas y de los salarios
Investigador en Hi Science (1959–presente)
Encender una vela para los muertos es un gesto profundamente simbólico. Recuerdo que mi madre siempre tenía una vela encendida para su abuela, a quien llamaba «la nonna», junto con una foto y una flor. Me parece un acto lleno de belleza. La luz de esa vela representaba mucho más que un simple ritual; era la manifestación de un amor que, a pesar de la ausencia irremediable, seguía vivo en el corazón de quienes la recordaban. Para mi madre, encender esa vela no era solo un acto físico, sino también un bálsamo para su alma, un dolor al que daba forma y estructura.
El rito, en este caso, va más allá de un simple procedimiento, pues cumple una función psicológica y emocional. Desde una perspectiva metafísica, el rito puede tener el poder de reconectar al ser humano con dimensiones más allá de lo inmediato, ofreciendo consuelo y esperanza. Pero también, y quizás más tangiblemente, actúa sobre las emociones de quien lo lleva a cabo, ayudando a procesar el duelo, el dolor o la añoranza. Los rituales, en este sentido, son una especie de ancla en momentos de incertidumbre y sufrimiento.
Por otro lado, para quienes creen, hay una dimensión trascendental en estos actos. Encender una vela o elevar una oración puede sentirse como un medio para comunicarse con el ser querido que ya no está, creando un puente entre el mundo físico y el espiritual. Este tipo de actos son profundamente personales, y su sentido de trascendencia depende de las creencias de quien los realiza. Sin embargo, incluso si no se cree en la vida después de la muerte, estas prácticas tienen un valor emocional incalculable.
El ritual puede elevar a la persona moralmente y reforzar su fe, no solo en lo trascendental, sino en la importancia de honrar la memoria, de recordar y agradecer. A través de ellos, la conexión con el otro sigue viva, en nuestras acciones y pensamientos.
No cabe duda de que este tipo de prácticas tienen un valor psicológico, emocional y simbólico, más allá de su poder sobre lo sobrenatural. En este sentido, creo que sí es bueno prender una vela a los muertos, no solo por el acto de recordar, sino por la luz que aporta a los vivos: una luz que ayuda a iluminar el camino en medio del dolor y la ausencia.
He notado que, en algunas respuestas de quienes se identifican como ateos o quienes sostienen que los muertos están muertos y que todo se acaba ahí, se juzga este acto como innecesario, pueril o incluso se burlan de él. Les invito a reflexionar por un momento: ¿alguna vez enviaron flores a un familiar o conocido fallecido, o asistieron a una misa o entierro? Si no lo hicieron por una creencia religiosa, ¿lo hicieron solo por mantener las formalidades sociales? En este caso, ¿qué es lo más valioso desde una perspectiva psicológica o moral: la acción realizada con convicción, o la que se realiza por mera obligación o hipocresía? La respuesta no solo revela mucho sobre la sinceridad de cada uno, sino también sobre lo que valoramos realmente en nuestros gestos hacia los demás, incluso cuando esos otros ya no están físicamente presentes.
Yo puedo respetar y entender el que se dejen unas fotos en la vivienda de cada uno del ser querido que se murió para poder recordarlo, o ver un álbum de fotos, así como vídeos para recordar esos momentos en los que compartieron sus vidas. Lo que es incomprensible para mí, es llevar flores al cementerio. De hecho, lo encuentro absurdo enterrar o incinerar a los fallecidos, pues eso va en contra de las leyes de la Naturaleza; comer para ser comido. Pues en la Naturaleza no se desperdicia nada, pero los humanos somos los únicos seres que sí lo hacemos, por eso entre otras malas acciones hemos creado una sociedad fallida. Y el llevar flores o encender velas que además produce humo cancerígeno, agrava el tema de la insostenibilidad.
Muchas de las cosas que hacemos han sido creadas e impuestas en algún momento por la religión, que de esta manera fija en el subconsciente sus «tradiciones» y con ello maneja la mente de la gente. La muerte es uno de sus elementos claves, pues no solo se trata de asustar y adornar algo tan triste como natural, sino que esto les da la oportunidad de exibir su símbolos y penetrar psicologicamente a quienes participan.
Más Žižek y menos Peterson
Para pasar nuestro muy natural proceso de duelo.
Los seres inteligentes incineran (o entierran) a sus muertos, tienen ritos funerarios.
Es lo que nos hace humanos.
7 Comments
Rubén Torres
5 años agoSi usamos un poco el raciocinio nos daremos cuenta de que todas esas flores, cirios, y velas no le van a devolver la vida
Podría haber gente que no tragaba a la víctima y sin embargo coloca flores para hacer el paripé. El pretexto de solidaridad que hacen las demás personas (no allegadas, amigos) poniendo flores como señal de: te acompaño en el sentimiento, no reconforta la pérdida de ningún ser querido. Nada de lo que se haga podrá llenar ese hueco vacío que queda cuando se pierde un ser muy querido. Por lo tanto todo eso es un acto absurdo.
Por otra parte, hay mucha gente que se ha muerto ahogada en las piscinas, en los ríos o en el mar ¿Por qué no se colocan velas y flores en esos lugares? Todos los días muere alguien en los hospitales y no veo ni flores ni velas encendidas en los quirófanos o e las habitaciones donde has estirado la pata. En las autovías, carreteras y autopistas también muere gente a diario ¿dónde están las velitas y las florecillas? En fín, puro paripé.
El dolor y el duelo se lleva internamente, dejad de hacer el payaso con las velitas y las florecillas. Lo mismo que ir de negro o ponerse un trozo de tela negra en el brazo ¡vaya gilipollez!
Enrique
5 años agoSiempre que con eso no pongas en peligro a nadie y no imcumplas ninguna ley,por supuesto que tiene sentido,sobre todo para la persona doliente.
Luis Fernando Cortés Gómez
5 años agoLas flores y las velas, recuerdan a las personas en el lugar donde sufrieron los atentados.
Aportan solemnidad, paz y un valor simbólico de respeto y condolencias por parte de la persona que las lleva.
El utilizar flores como forma de presentar respetos a un difunto no es, ni muchísimo menos, una tradición reciente.
Por qué no se estancan los precios de las cosas y de los salarios
Claudio M
4 semanas agoInvestigador en Hi Science (1959–presente)
Encender una vela para los muertos es un gesto profundamente simbólico. Recuerdo que mi madre siempre tenía una vela encendida para su abuela, a quien llamaba «la nonna», junto con una foto y una flor. Me parece un acto lleno de belleza. La luz de esa vela representaba mucho más que un simple ritual; era la manifestación de un amor que, a pesar de la ausencia irremediable, seguía vivo en el corazón de quienes la recordaban. Para mi madre, encender esa vela no era solo un acto físico, sino también un bálsamo para su alma, un dolor al que daba forma y estructura.
El rito, en este caso, va más allá de un simple procedimiento, pues cumple una función psicológica y emocional. Desde una perspectiva metafísica, el rito puede tener el poder de reconectar al ser humano con dimensiones más allá de lo inmediato, ofreciendo consuelo y esperanza. Pero también, y quizás más tangiblemente, actúa sobre las emociones de quien lo lleva a cabo, ayudando a procesar el duelo, el dolor o la añoranza. Los rituales, en este sentido, son una especie de ancla en momentos de incertidumbre y sufrimiento.
Por otro lado, para quienes creen, hay una dimensión trascendental en estos actos. Encender una vela o elevar una oración puede sentirse como un medio para comunicarse con el ser querido que ya no está, creando un puente entre el mundo físico y el espiritual. Este tipo de actos son profundamente personales, y su sentido de trascendencia depende de las creencias de quien los realiza. Sin embargo, incluso si no se cree en la vida después de la muerte, estas prácticas tienen un valor emocional incalculable.
El ritual puede elevar a la persona moralmente y reforzar su fe, no solo en lo trascendental, sino en la importancia de honrar la memoria, de recordar y agradecer. A través de ellos, la conexión con el otro sigue viva, en nuestras acciones y pensamientos.
No cabe duda de que este tipo de prácticas tienen un valor psicológico, emocional y simbólico, más allá de su poder sobre lo sobrenatural. En este sentido, creo que sí es bueno prender una vela a los muertos, no solo por el acto de recordar, sino por la luz que aporta a los vivos: una luz que ayuda a iluminar el camino en medio del dolor y la ausencia.
He notado que, en algunas respuestas de quienes se identifican como ateos o quienes sostienen que los muertos están muertos y que todo se acaba ahí, se juzga este acto como innecesario, pueril o incluso se burlan de él. Les invito a reflexionar por un momento: ¿alguna vez enviaron flores a un familiar o conocido fallecido, o asistieron a una misa o entierro? Si no lo hicieron por una creencia religiosa, ¿lo hicieron solo por mantener las formalidades sociales? En este caso, ¿qué es lo más valioso desde una perspectiva psicológica o moral: la acción realizada con convicción, o la que se realiza por mera obligación o hipocresía? La respuesta no solo revela mucho sobre la sinceridad de cada uno, sino también sobre lo que valoramos realmente en nuestros gestos hacia los demás, incluso cuando esos otros ya no están físicamente presentes.
Rubén Torres
4 semanas agoYo puedo respetar y entender el que se dejen unas fotos en la vivienda de cada uno del ser querido que se murió para poder recordarlo, o ver un álbum de fotos, así como vídeos para recordar esos momentos en los que compartieron sus vidas. Lo que es incomprensible para mí, es llevar flores al cementerio. De hecho, lo encuentro absurdo enterrar o incinerar a los fallecidos, pues eso va en contra de las leyes de la Naturaleza; comer para ser comido. Pues en la Naturaleza no se desperdicia nada, pero los humanos somos los únicos seres que sí lo hacemos, por eso entre otras malas acciones hemos creado una sociedad fallida. Y el llevar flores o encender velas que además produce humo cancerígeno, agrava el tema de la insostenibilidad.
Nazir Haffar
4 semanas agoMuchas de las cosas que hacemos han sido creadas e impuestas en algún momento por la religión, que de esta manera fija en el subconsciente sus «tradiciones» y con ello maneja la mente de la gente. La muerte es uno de sus elementos claves, pues no solo se trata de asustar y adornar algo tan triste como natural, sino que esto les da la oportunidad de exibir su símbolos y penetrar psicologicamente a quienes participan.
Ella
4 semanas agoMás Žižek y menos Peterson
Para pasar nuestro muy natural proceso de duelo.
Los seres inteligentes incineran (o entierran) a sus muertos, tienen ritos funerarios.
Es lo que nos hace humanos.